DÍA #9 – San José María de Yermo y Parres

ORACIÓN INICIAL 

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén. 

UNA PINCELADA HISTÓRICA

El sacerdote José María de Yermo y Parres nació en México el 10 de noviembre de 1851. De origen noble, fue educado cristianamente por el papá y la tía Carmen, ya que su madre murió a los 50 días de su nacimiento. Muy pronto descubrió su vocación al sacerdocio. A la edad de 16 años deja la casa paterna para ingresar en la Congregación de la Misión en la Ciudad de México. Después de una fuerte crisis vocacional deja la familia religiosa de los Paúles y continúa su camino al sacerdocio en la Diócesis de León. Fue un elocuente orador, promovió la catequesis juvenil y desempeñó con esmero algunos cargos de importancia en la curia, a los cuales por motivo de enfermedad tuvo que renunciar. El nuevo obispo le confía el cuidado de dos Iglesias situadas en la periferia de la ciudad: El Calvario y el Santo Niño. Este nombramiento fue un duro golpe en la vida del joven sacerdote. Le sacudió profundamente en su orgullo, sin embargo decidió seguir a Cristo en la obediencia sufriendo esta humillación silenciosamente. 

Su vida fue muy atribulada, pero aunque las tribulaciones y dificultades se alternaban a ritmo casi vertiginoso, no lograron nunca abatir el ánimo ardiente del apóstol de la caridad evangélica. En su vida no tan larga fundó escuelas, hospitales, casas de descanso para ancianos, orfanatos, una casa muy organizada para la regeneración de la mujer, y poco antes de su muerte, el 20 de septiembre de 1904 en la ciudad de Puebla de los Ángeles, llevó a su familia religiosa a la difícil misión entre los indígenas del norte de México. 

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

Un día, mientras se dirigía a la Iglesia del Calvario, se halla de improviso ante una escena terrible: unos puercos estaban devorándose a dos niños recién nacidos. Estremecido por aquella tremenda escena, se siente interpelado por Dios, y en su corazón ardiente de amor proyecta la fundación de una casa de acogida para los abandonados y necesitados. Obtenida la autorización de su obispo pone mano a la obra y el 13 de diciembre 1885, seguido por cuatro valientes jóvenes, inaugura el Asilo del Sagrado Corazón en la cima de la colina del Calvario. Este día es también el inicio de la nueva familia religiosa de las “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”. 

Desde ese día el Padre Yermo pone el pie sobre el primer peldaño de una larga y constante escalada de entrega al Señor y a los hermanos, que sabe de sacrificio y abnegación, de gozo y sufrimiento, de paz y de desconciertos, de pobrezas y miserias, de apreciaciones y de calumnias, de amistades y traiciones, de obediencias y humillaciones. 

PARA MEDITAR… 

El Papa Francisco señaló que existe una “santa humillación” del hombre que es aquella que se produce cuando sus debilidades son desenmascaradas a la luz de los Mandamientos del Decálogo. Esa “santa humillación” permite al hombre ser consciente de que necesita a Dios para poder liberarse.

El hombre tiene necesidad de esta bendita humillación de la cual descubre que no es capaz de liberarse solo, sino que necesita gritar a Dios para ser salvado. Es inútil pensar que podemos corregirse a nosotros mismos sin la ayuda del Espíritu Santo. Es inútil pensar en purificar nuestro corazón en un esfuerzo titánico de nuestra sola voluntad. Es necesario abrirse a la relación con Dios, en la verdad y en la libertad: sólo así nuestros esfuerzos pueden dar fruto”.

IMÁN DE SANTIDAD

El amor que sentía San José María de Yermo y Parres por Dios lo llevó a sacrificar sus gustos personales por seguir la voluntad de Dios. ¿Vos estás dispuesto a dejarte desenmascarar por Dios a la luz de los mandamientos para hacer Su voluntad?

ORACIÓN FINAL

Divino Corazón de Jesús, enviado por el Padre para evangelizar a los pobres, que encendiste en el corazón de San José María de Yermo y Parres, una caridad fecunda que lo llevó hasta la inmolación de sí mismo en favor de los desamparados, te pedimos nos concedas imitar sus ejemplos y la gracia que por su intercesión humildemente imploramos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

Padre Marcelo

#LosApostolesDeLosUltimosTiempos #SantosDelSigloXX

 

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