DÍA #17 – Santa Giuseppina Vannini
 
ORACIÓN INICIAL
 
¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.
 
UNA PINCELADA HISTÓRICA
 
Giuseppina Vannini nació en Roma en 1859, a los cuatro años perdió a su padre y tres años más tarde a su madre, separada de sus dos hermanos, fue acogida en el Conservatorio Torlonia de Roma. Decidió entrar en el noviciado de las Hermanas de la Caridad de Siena, una congregación de las hermanas vicentinas. Sin embargo, debido a su frágil salud, tuvo que regresar a Roma en 1887, donde retomó su formación religiosa.
 
Durante unos Ejercicios Espirituales en 1891 conoció al P. Camiliano Luigi Tezza, quien reconoce en ella la persona indicada para iniciar una nueva congregación que, con el nombre de Hijas de San Camilo, es fundada en 1892. Se trata de una congregación dedicada al cuidado de los enfermos.
Después de varias semanas de discernimiento, Giuseppina Vannini, en marzo de 1892, aceptó el encargo y en diciembre de 1895 fue nombrada Superiora General de la congregación. La congregación creció rápidamente, con nuevas comunidades en diversas localidades de Italia a pesar de las dificultades para lograr la aprobación pontificia.
 
A partir de 1910, la salud de Giuseppina Vannini empeoró debido a problemas graves de corazón. Falleció en 1911.
 
¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?
 
Un componente de su personalidad fue su salud delicada. Tuvo una patología que fue definida de diversa manera: salud débil, complexión delicada, dolores fuertes de cabeza e intestinales, mal de corazón, miocarditis. Y, a pesar de ello, fue capaz de mantenerse fiel a las pequeñas cosas, usos y costumbres de la vida comunitaria, viviendo al mismo tiempo el ritmo exigentemente amoroso de su vida interior.
 
Su debilidad congénita, más que empañar, acrecienta la grandeza de su carácter: fuerte, recto, ajeno a falsos compromisos, decidido, activo. Su comportamiento en el gobierno de la Congregación fue equilibrado, abierto al diálogo, optimista, emprendedor, tolerante y firme, con un juicio claro acerca de las cosas que habían de hacerse y los medios a emplear, sobre todo en lo relacionado con la organización de la vida religiosa de sus hijas. Es una auténtica maestra del espíritu.
 
PARA MEDITAR…
 
Hay quienes, ante el sufrimiento de la vida, se rebelan contra Dios y le echan la culpa de todas sus desgracias. Le dicen: ¿Por qué me has hecho esto? Prefiero morir a vivir. No quiero vivir más, así no vale la pena vivir. Algunos le exigen la salud, como si fuera un derecho adquirido, y dicen: Si no tuviera hijos que cuidar… Si estuviese solo, pero tengo una familia que alimentar y tengo muchos problemas que resolver y muchos planes que realizar. Pareciera que le dicen a Dios que ellos son seres indispensables en el mundo.
 
Otros gritan, diciendo: ¿Por qué? Yo soy bueno. ¿Por qué me castigas? Oh Dios, sácame de esto de una vez, pero que no dé pena a los demás, que no haga gastar dinero a mis familiares, que no sea un cacharro inútil para los demás… Y Dios no responde, y calla y perdona y aguanta con paciencia todos los insultos e incomprensiones. Pero Dios no se divierte ni se lo pasa en grande viéndote sufrir, como si tu dolor y tu enfermedad fueran caprichos de su entretenimiento para los ratos libres. En cambio, se siente muy contento, cuando ve que tú te realizas a través del dolor y maduras y llegas a ser mejor y más feliz.
 
IMÁN DE SANTIDAD
 
La fe requiere un camino. En muchas oportunidad te puede pasar, como le pasó a Santa Guiseppina, que atravieses momentos de dolor y sufrimiento. Te invito a que hables con Jesús y le pidas que te ayude a cargar cada uno de los dolores y sufrimientos por lo que te toca atravesar.
 
ORACIÓN FINAL
Oración hecha por Santa Giuseppina
 
Señor Jesús, dame el amor por excelencia, el amor de la cruz, no de las cruces heroicas que nos llevan a nosotros, sino de aquellas cruces vulgares que, por desgracia, llevamos con tanta repugnancia; las cruces de cada día, de las que está sembrada la vida y que encontramos a cada instante en nuestro camino, Solamente entonces sabrás que te amo y esto para mí es suficiente. Amén.

 

Padre Marcelo

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