San Alberto Chmielowski

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Nació el 20 de agosto de 1845 en Igolomia, ciudad cercana a Cracovia, Polonia. Al morir sus padres, unos familiares lo acogieron a él y a sus hermanos. Ingresó en el Instituto Politécnico de Pulawy cuando tenía 18 años. Ese año fue hecho prisionero. Tenía una herida en la pierna que se agravó, y sufrió su amputación. Pero esta traumática operación en la que probó su valentía –fue intervenido sin anestesia–, le libró de un más que seguro fusilamiento. Siendo ya un consumado artista, regresó a Polonia en 1874 con una idea clara: tomar la vía del arte como instrumento apostólico, poniendo su talento al servicio de Dios. Una de sus obras representativas es el «Ecce Homo» en el que supo plasmar la profunda experiencia espiritual que le había marcado. Al meditar sobre la Pasión de Cristo, dio un rumbo definitivo a su vida.

Primeramente, en 1880 ingresó en el convento de Stara-Wies, regido por los jesuitas, pero a causa de sus problemas de salud únicamente convivió con ellos seis meses. Al año siguiente teniendo noticia de la existencia de la Tercera Orden de San Francisco, se vinculó a ella. Eso le permitió constatar de primera mano la realidad en la que malviven los «sin techo», aquejados de gravísimas enfermedades se adentró en ese mundo de miseria. No quería ser menos que ellos. Sabía que compartiendo con los indigentes su trágico presente llegaría al fondo de sus corazones. Tomó el hábito franciscano. Luego, puso en marcha dos congregaciones religiosas, masculina y femenina, para el servicio de los pobres, inspiradas en la espiritualidad franciscana. Afectado por un grave tumor en el estómago durante diez años, afrontó el final de sus días. Teniendo a su lado a la Virgen de Czestochowa, antes de exhalar su último aliento advirtió a la comunidad: «Esta Virgen es su fundadora, recuerdenlo», añadiendo esta recomendación: «Ante todo, observen la pobreza». Murió en el asilo fundado por él en Cracovia el día de Navidad de 1916. Su funeral fue prácticamente encabezado por los pobres de la ciudad.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

“No basta que amemos a Dios, sino que hay que conseguir además que, en contacto con nosotros, otros corazones se inflamen. Eso es lo que cuenta. Nadie sube al cielo solo”, decía San Alberto.

PARA MEDITAR…

El Papa Francisco menciona que “para que la evangelización no termine convirtiéndose en una mera “función” es necesario que el estilo que asuma el fiel cristiano sea el de “hacerse todo para todos”. El estilo es ir y compartir la vida de los demás, acompañar en el camino de la fe, hacer crecer en el camino de la fe”. Se evangeliza con la actitud de la misericordia y con el testimonio de la propia vida. Ante la pregunta que le hacen sobre que decirle a alguien ateo el Papa responde:

“¡Qué buena pregunta! Todos conocemos a personas que se alejaron de la Iglesia: ¿qué les tenemos que decir? Yo le respondí: ‘¡escucha, la última cosa que tienes que hacer es decirle algo!’ Empieza a hacer y él verá lo que haces y te preguntará. Y cuando te pregunte tú dile…’ Evangelizar es dar testimonio: yo vivo así, porque creo en Jesucristo. Despierto en ti la curiosidad de una pregunta… ‘¿Por qué haces eso?’ Porque creo en Jesucristo y anuncio a Jesucristo, no sólo con la Palabra –se debe anunciar con la Palabra– sino también con mi vida”.

IMÁN DE SANTIDAD

En una de las oraciones de las Letanías de la Humildad menciona “Que los demás sean más santos que yo con tal que yo sea todo lo santo que pueda”. Este deseo por el bien del otro no es a lo que el mundo nos invita, sino todo lo contrario. Es por eso que con este testimonio te invito a orar por aquellos que están a tu alrededor, para que puedan “inflamarse” del amor de Cristo y crezcan en el deseo de santidad.

ORACIÓN FINAL

Hermano Alberto, Padre y amigo de los pobres, tú, que pusiste tu talento de artista al servicio del Evangelio, ayúdanos a descubrir los dones que Dios nos dio y a usarlos para testimoniar su amor. Tú, que descubriste que la obra de arte más bella a los ojos de Dios es el corazón de los pobres, danos ojos capaces de ver tu presencia en los hermanos más necesitados. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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