San Federico Jansoone

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Federico nació en Francia el 19 de noviembre de 1838. Sus padres eran unos honrados campesinos que gozaban de buena posición económica. Coherentes con su fe católica habían alentado la de sus numerosos hijos. Así Federico, siendo un adolescente, vio en el sacerdocio el más preciado ideal para su vida. Influyó en la economía doméstica, le obligó a dejar aparcada su preparación eclesiástica. Su sentido de la responsabilidad le hizo ver que su familia precisaba de su ayuda para salir adelante. A los 23 años fue su madre quien partió de este mundo, mientras su vocación franciscana se hacía cada vez más palpable en su interior. A los 26 ingresa en el convento de Amiens donde hizo el noviciado. Luego pasó por Limoges y por Bruges donde completó las etapas de su consagración. En 1868 emitió la profesión, y en 1870 recibió el sacramento del orden.

Una de sus primeras misiones fue asistir como capellán a los soldados que se batían en la guerra franco-prusiana. Cuando ésta culminó lo destinaron sucesivamente a Branday, a Burdeos, con el fin de abrir un nuevo convento, y a París donde se hizo cargo de la biblioteca. Los cinco primeros años que pasó en Tierra Santa, desde 1876 hasta 1881, como vicario custodial de ese patrimonio incomparable de la fe que se halla bajo el amparo de los franciscanos, dejaron una profunda huella en su vida. Tras un periodo de estancia en Canadá donde recaudó limosnas para el sostenimiento de los Santos Lugares, además de implicar a los fieles en la tarea apostólica, volvió a Tierra Santa en 1882. Cuando volvió a Canadá en 1888 dejaba atrás obras como la iglesia de santa Catalina construida por él, y los reglamentos del Santo Sepulcro y de Belén. Su vida religiosa era un vivo testimonio de amor a Cristo. A instancias suyas se erigieron imponentes Vía Crucis en distintos lugares. Murió en Montreal el 4 de agosto de 1916 a los 77 años.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

Era un hombre austero, que había encarnado el carisma franciscano admirablemente, sencillo, confiado, paciente, acogiendo las dificultades con paz, dispuesto a cumplir en todo momento la voluntad de Dios. Vivía el ideal de pobreza con rigor, y trataba con ternura a los pobres, que eran sus predilectos hermanos en Cristo. Adoraba con sumo fervor la Eucaristía y llevaba grabado en su corazón el amor a María. Con ese espíritu mariano alentó a los fieles a involucrarse en el culto, y a vivir piadosamente. Impulsó peregrinaciones al santuario de la Virgen Du-Cap, cercano a Trois-Rivières, que presidía; le servían para recordar a todos que se llega al Hijo a través de la Madre. También fue devoto del Sagrado Corazón de Jesús y de San José.

PARA MEDITAR…

San Federico Jansoone se entregó a la promoción del culto, piedad y peregrinaciones al Santuario de la Virgen Du-Cap, cercano a Trois-Rivières. Como verdadero hijo de san Francisco, se empeñó en dar a conocer a la Madre de Cristo, fomentar una tierna y profunda devoción hacia ella, organizar liturgias y diversos cultos en el santuario, promover, organizar y acompañar peregrinaciones, exhortando siempre a los fieles a ir a Jesús por medio de María. El Señor se dignó, por intercesión de su Madre santísima, otorgar gracias abundantes y extraordinarias, y aun obrar curaciones que tuvieron gran resonancia. Y así sucedió que el Santuario pasó de ser parroquial a ser diocesano y después nacional.

IMÁN DE SANTIDAD

San Federico se dedicó a promover las peregrinaciones y acompañarlas, ya que ellas ayudaban a los fieles a ir a Jesús por medio de María. Te invito a que en algún momento puedas peregrinar a algún santuario mariano cerca de donde vivís y llevarle una flor a la Virgen.

ORACIÓN FINAL

Oh Dios, Padre de Bondad, que inspiraste a San Federico Janssoone una devoción ardiente al Misterio Pascual y, movido por la generosidad de tu gracia, lo llevaste a la celebración gozosa de los misterios celebrados en la Liturgia; colmaste, además, a tu siervo de celo apostólico y amor a los necesitados. Concédenos, por su intercesión, que, celebrando con fe los santos misterios de la Muerte y Resurrección de tu Hijo, vivamos en la vida lo que celebramos en la Liturgia. Concédenos, también, la gracia especial que ahora te pedimos. (pídase la gracia que se desea). Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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