Santa Jacinta Marto

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Nació en Fátima el 11 de Marzo de 1910. Siendo aún niña de tierna edad, aceptó con toda paciencia la grave enfermedad que le aquejaba y demostró siempre una gran devoción a la Santísima Virgen María. Su santidad no se le reconoce por haber experimentado seis apariciones de la Virgen, sino como éstas le han ayudado a alcanzar la perfección cristiana. Todo se inicia otro 13 de mayo, cuando la Virgen se apareció por primera vez (Jacinta tiene sólo 7 años, porque nació el 11 de marzo de 1910), mientras pastoreaba con su hermano Francisco y su prima Lucía. Esta última declaró que Jacinta hasta ese día era una niña como cualquier otra: le gustaba jugar, como a todos los niños de esa edad, es un poco delicada, pone mala cara por nada y no se resigna fácilmente a perder, le encanta bailar y basta el sonido de un rudimentario pífano para hacer mover y girar su pequeño cuerpo.

La Virgen irrumpe en su vida y la cambia radicalmente: medita mucho sobre la eternidad del infierno y “toma en serio los sacrificios por la conversión de los pecadores”; se priva de la merienda para ayudar a los niños necesitados de dos familias; se enamora del Papa, a quien desea encontrar cara a cara; a menudo sorprende en la oración un arrebato de amor sin duda superior a su edad. Cualquier sufrimiento ofrecido por la conversión de los pecadores está siempre acompañado por un amor que se encuentra sólo en los grandes místicos. El 23 de diciembre de 1918, 14 meses después de la última aparición, ella y Francisco se ven afectados por la “gripe española”, pero mientras que el segundo se cura en pocos meses, para Jacinta se vuelve un calvario, ya que le sobreviene una pleuresía purulenta, que soporta y ofrece “para la conversión de los pecadores y para reparar los ultrajes que se realizan al Corazón Inmaculado de María”. Se le pide un último gran sacrificio: separarse de los suyos, y sobre todo de su prima Lucía, para pasar un tiempo de recuperación en un hospital de Lisboa. Donde se prueba todo, incluso una cirugía sin anestesia para intentar arrancarla de la muerte, pero donde la Virgen viene serenamente a tomarla el 20 de febrero de 1920, como había prometido.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

Jacinta era de clara inteligencia; ligera y alegre. Siempre estaba corriendo, saltando o bailando. Vivía apasionada por el ideal de convertir pecadores, a fin de arrebatarlos del suplicio del infierno, cuya pavorosa visión tanto le impresionó. Una vez exclamó: ¡Qué pena tengo de los pecadores! ¡Si yo pudiera mostrarles el infierno! Si miramos a Jacinta antes de las apariciones de la Virgen es fácil poder contemplar la transformación que ocurrió en su vida a partir de éstas. Transformación que iba en aumento después de cada aparición y que llegó a su punto culminante en la última parte de su vida.

PARA MEDITAR…

Como un ejemplo para nosotros, tenemos ante los ojos a san Francisco Marto y a santa Jacinta, a quienes la Virgen María introdujo en el mar inmenso de la Luz de Dios, para que lo adoraran. De ahí recibían ellos la fuerza para superar las contrariedades y los sufrimientos. La presencia divina se fue haciendo cada vez más constante en sus vidas, como se manifiesta claramente en la insistente oración por los pecadores y en el deseo permanente de estar junto a “Jesús oculto” en el Sagrario.

En sus Memorias, sor Lucía da la palabra a Jacinta, que había recibido una visión: “¿No ves muchas carreteras, muchos caminos y campos llenos de gente que lloran de hambre por no tener nada para comer? ¿Y el Santo Padre en una iglesia, rezando delante del Inmaculado Corazón de María? ¿Y tanta gente rezando con él?” Gracias por haberme acompañado. No podía dejar de venir aquí para venerar a la Virgen Madre, y para confiarle a sus hijos e hijas.

IMÁN DE SANTIDAD

La vida de Jacinta nos muestra la importancia de rezar y ofrecer sacrificios por los que no conocen el amor de Dios y, sobre todo, aquellos que lo ofenden. Te invito a rezar por tus familiares y amigos que no conocen el amor de Dios.

ORACIÓN FINAL

Nuestra Señora de Fátima, dos pastorcitos pobres y simples, tú que elegiste a Francisco y Jacinta, para anunciar al mundo los deseos de tu Corazón Inmaculado, ayúdanos a recibir tu mensaje de conversión, para que liberados del pecado podamos vivir una vida nueva. Santos Francisco y Jacinta, ustedes que rezaron intensamente, hagan que el momento de la oración diaria sea el corazón de cada día. Haz que también ellos encuentren en tu Corazón inmaculado y materno, refugio y protección. ¡Santos Francisco y Jacinta, rueguen por nosotros!

 

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

Ingresando AQUÍ podes bajar el libro de oraciones para cada día.

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