Santa María Bertila Boscardin

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Santa Bertilia nació en 1888, en Brendola, en el seno de una pobre familia de campesinos. Su nombre de pila era Ana Francisca, pero todos la llamaban Anita. El P. Emigdio Federici, su biógrafo, escribe que Anita era una niña «tranquila y muy trabajadora, cuya infancia no tuvo nada de pintoresco». Ángel Boscardin, el padre de Anita, era un hombre muy celoso y dado a la bebida. Anita no podía asistir regularmente a la escuela, pues desde pequeña tuvo que trabajar en el hogar y ganar un poco de dinero.

A los 17 años, por indicación de su párroco, se hizo religiosa de las Maestras de Santa Dorotea, Hijas de los Sagrados Corazones, y tomó el nombre de María Bertila. En su comunidad, como no la consideraron ni muy despejada, ni capaz de hacer grandes cosas, le confiaron los quehaceres de cocina. Al ingresar ya había dicho: “Soy una pobre cosa, una gansa. Enséñeme. Quiero convertirme en una santa”. Profesó en 1907, y fue enviada a Treviso, donde trabajó en un asilo infantil, y al estallar la I Guerra Mundial, ejerció como enfermera en un hospital militar cerca de Como; allí despertó grandes admiraciones por su serenidad durante los bombardeos y su abnegada solicitud para con los enfermos, a los que logró atraerlos a la fe a muchos de ellos. Consiguió con gran esfuerzo el diploma de enfermera. En 1910, tuvo que someterse a una operación para extraerle un tumor cerebral. Al concluir la guerra, una superiora decidió que, debido a su escasa instrucción y a sus cortas luces, sólo podían encomendársele tareas serviles, y pasó a una lavandería, aunque en 1919 volvió al asilo de Treviso. Su salud nunca había sido buena, y una dolorosa enfermedad le llevó al quirófano del que no saldrá con vida. Entonces la comunidad se dio cuenta que la “tonta” de sor Bertila había dejado un recuerdo imborrable en quiénes la habían conocido. Su tumba colocada inicialmente en el cementerio de Treviso, se convirtió en centro de peregrinación popular. Hoy sus restos descansan en la capilla de la casa madre de Vicenza. Dejó escrita su vida en su “Diario espiritual”. El papa san Juan XXIII la canonizó el 11 de mayo de 1961.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

“La fuerza del Sacramento me alcanza siempre y en todas partes para que yo me comporte con responsabilidad… Porque yo siento necesidad de estar un rato con nuestro Señor”

PARA MEDITAR…

El Papa Francisco nos explica brevemente qué es adorar, entre ellas se menciona que: 1)- Adorar es ir a lo esencial: es el camino para desintoxicarse de muchas cosas inútiles, de adicciones que anestesian el corazón y adormecen la mente. Adorando, nosotros también, como los Reyes Magos, descubriremos el significado de nuestro camino. Y, como los Magos, experimentaremos “una grandísima alegría” (Mt 2, 10). 2)- Adorar significa hacer un éxodo de la mayor esclavitud, la de uno mismo. 3)- Adorar es poner al Señor en el centro para no estar centrados en nosotros mismos. 4)- Adorar es traer vida al Señor permitiéndole entrar en nuestras vidas. Es hacer que descienda su consuelo al mundo y dejarnos impregnar por su ternura. 5)- Al adorar aprendemos a rechazar lo que no debe ser adorado: el dios dinero, el dios consumo, el dios placer, el dios éxito, nuestro ego convertido en dios. 6)- Adorar es hacerse pequeño en presencia del Altísimo, descubrir ante Él que la grandeza de la vida no consiste en tener, sino en amar. 7)- Adorar es encontrar a Jesús sin la lista de exigencias, más bien con la única exigencia de estar con Él. Cuando adoramos, permitimos que Jesús nos sane y nos cambie. 8)- Al adorar le damos al Señor la posibilidad de transformarnos con su amor, de iluminar nuestras tinieblas, de darnos fuerza en la debilidad y valor en las pruebas.

IMÁN DE SANTIDAD

Te invito a que le pidas a Jesús a que siga creciendo cada día más en tu corazón el amor por la Eucaristía.

ORACIÓN FINAL

Oh Jesús, que subes al cielo; oh Señor, Rey bendito e inmortal de los siglos, te damos gracias por haber asociado hoy a Santa Bertila a tu triunfo y haber encendido con ella una nueva estrella en el firmamento de tu Iglesia. Al volver al Padre prometiste no dejarnos nunca, y benignamente sigues estando con nosotros en la Eucaristía. Por intercesión de Santa Bertila, suscita en las almas semillas fecundas de santidad; numerosas y ardientes vocaciones; almas bellas y puras; familias sanas y generosas que vivan en tu santo amor. Y concédenos que, sostenidos por tu gracia y fortalecidos por los ejemplos de tus Santos, podamos honrarte todos los días con serenidad y alegría, ánimo y perseverancia para poder vivir una vida divina. Amén.

 

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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