DÍA #36 – San Felipe Smaldone

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Originario de la ciudad italiana de Nápoles -nació el 27 de julio de 1848-, desde muy joven tomó la decisión de optar por el sacerdocio, pese a los momentos difíciles por los que atravesaba la Iglesia, que tras la caída del Reino de las dos Sicilias -antiguo estado italiano- se vio fuertemente perseguida, hasta el punto de llevar al exilio al entonces Arzobispo de Nápoles, el Cardenal Sisto Riario Sforza. Su espíritu caritativo se empezó a notar mientras era estudiante de teología y filosofía, cuando tomó la decisión de dedicar parte de su tiempo al servicio y el apoyo de sordomudos quienes, para entonces, y particularmente en Nápoles, eran numerosos y se encontraban en una triste situación de abandono. Tanto fue su afecto por las personas con esta incapacidad, que en su etapa de formación hacia el sacerdocio se distinguió más por su acción caritativa, y no por su rendimiento académico que, en ese momento, le impidió recibir las Ordenes Menores.

Una vez que logró culminar sus estudios eclesiásticos en Nápoles, y tras pedir la dispensa, por ser menor de 24 años, fue ordenado sacerdote el 23 de septiembre de 1871. A partir de su ordenación, el Padre Felipe dio inicio a una intensa labor caritativa con enfermos en clínicas y en centros privados, actividad que se vio duplicada por causa de la peste que en la época azotó a su ciudad natal y de la que él mismo se contagió. Se dice que, gracias a la devoción que el sacerdote tenía a la Virgen de Pompeya, fue la misma madre de Dios la que intercedió para que su vida se salvara. Años más tarde, el 25 de marzo de 1885, viaja a la ciudad italiana de Lecce para abrir un instituto de sordomudos donde contó con el apoyo de algunas hermanas, que el mismo sacerdote había formado. Esta fue la base de lo que es hoy la Congregación de las Hermanas Salesianas de los Sagrados Corazones, comunidad que él mismo fundó, y que desde entonces -y en gran parte del mundo-, ha dedicado especial atención a sordomudos, ciegos y huérfanos. Rodeado por sus hermanas y sus queridos sordomudos, el padre Felipe Smaldone, el “Apóstol de los sordomudos”, falleció a los 75 años el 4 de junio de 1923, tras soportar con serenidad y una especial entrega a Dios, una diabetes y una esclerosis generalizada.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

El Papa Benedicto XVI hizo referencia a San Felipe Smaldone en la ceremonia de su canonización el 15 de octubre de 2006. “Sacerdote de gran corazón, alimentando con la oración constante y la adoración eucarística, fue sobre todo testigo y servidor de la caridad, que manifestaba de modo eminente en el servicio a los pobres, en particular a los sordomudos, a los que se entregó totalmente.”

PARA MEDITAR…

El Papa Francisco menciona que: Ser cristiano, en primer lugar, es dar testimonio de Jesús… Y esto es lo que hicieron los Apóstoles: dieron testimonio de Jesús, y por eso el cristianismo se difundió en todo el mundo. Pero los apóstoles no habían hecho un curso para convertirse en testigos de Jesús: no habían estudiado, no habían ido a la universidad. Habían escuchado al Espíritu y siguieron su inspiración; fueron fieles a ella. Pero eran pecadores, ¡todos! Los doce eran pecadores. “No. Padre sólo, Judas”. No, pobre hombre. No sabemos lo que sucedió después de su muerte, porque la misericordia de Dios llega incluso a aquel momento. Pero todos eran pecadores, todos. Pedro, que sabía que era el jefe, sintió la necesidad de acercarse un poco más para ver lo que estaba ocurriendo, y cuando la criada del sacerdote dijo: “Pero tú estabas …”, contestó, “¡No, no, no!”. Renegó a Jesús, traicionó a Jesús. ¡Pedro, el primer Papa! Y estos eran los testigos. Sí, porque eran testigos de la salvación que trae Jesús, y todos, por esa salvación se convirtieron, se dejaron salvar. Y ¡que bonito cuando, en la orilla del lago, Jesús hace el milagro y Pedro dice: “Aléjate de mí, Señor, que soy un pecador”. Ser testigo no significa ser un santo, sino un pobre hombre, una pobre mujer que dice: “Sí, yo soy un pecador, pero Jesús es el Señor y doy testimonio de él, y trato de hacer el bien todos los días, para corregir mi vida, para ir por el buen camino”.

IMÁN DE SANTIDAD

¿Cómo está tu vida de servicio? En tu casa, en tu trabajo, con tus amigos: ¿te gusta servir o ser servido?

ORACIÓN FINAL

Tú, Señor, que concediste a San Felipe Smaldone el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Padre Marcelo

#LosApostolesDeLosUltimosTiempos #SantosDelSigloXX

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