Santa Teresa Bracco

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Nació en Italia, siendo la sexta hija del matrimonio entre Ángela y Jacobo Bracco, sencillos campesinos que hacen fructificar con incansable trabajo sus propiedades rurales. El padre es severo pero justo, y la madre dulce y apacible. Por las tardes, el propio Jacobo dirige el rezo del Rosario en familia. El nombre de Teresa le viene en honor de la «pequeña santa» de Lisieux, beatificada en 1923. Mamá y papá fueron para ella ejemplos de fe y fortaleza cristianas. Una fe puesta en el crisol de la prueba. Teresa pudo completar solamente el cuarto grado de primaria. Luego le tocó aportar al sustento de la familia trabajando como pastorcita. Llevaba siempre consigo la corona del rosario y, mientras pastoreaba, no dejaba de rezar. Ginin -como la llamaban- sacrificaba con gusto preciosas horas de sueño con tal de poder hacer la comunión. La Iglesia, en efecto, no estaba muy cerca de la casa, la Misa se celebraba muy temprano y ella no quería perderla por nada al mundo. La Eucaristía, la devoción a la Virgen y la espiritualidad del deber: aquí está el secreto de su santidad.

Teresa -tenía solamente nueve años- cuando conoció la vida de Domingo Savio y quedó fascinada y desde entonces hizo suyo el lema “la muerte antes que el pecado”. Y mantuvo el propósito. Secuestrada por un soldado alemán, trató de eludir sus brutales intenciones y, al ver que todo esfuerzo era inútil, prefirió renunciar a la vida antes que perder la virtud tan celosamente guardada. La hallaron, con el cuerpo martirizado. Su sacrificio no fue sino el último acto de una existencia entregada totalmente al Evangelio. Juan Pablo II la beatificó el 24 de mayo de 1998, en Turín ante la Síndone. En esa circunstancia el Papa dijo: “Señalo a los jóvenes esta chica […] para que de ella aprendan la límpida fe atestiguada en el empeño cotidiano, la coherencia moral sin compromisos, el coraje de sacrificar, si es necesario, también la vida, para no traicionar los valores que a la vida le dan sentido”.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

Teresa es un modelo de gozosa modestia. Su vida ejemplar revela un profundo amor a Dios y al prójimo, amor que suele olvidarse, según las palabras de Jesús a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mt 16, 24). El que ama su alma la pierde; el que desprecia su alma en este mundo, la guardará para la vida eterna (Jn 12, 25). “Se trata, explica el Papa Juan Pablo II, de una verdad que el mundo contemporáneo rechaza con frecuencia y desprecia, pues hace del amor por sí mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe que nos hablan mediante el ejemplo de su vida no consideraron ni su propio beneficio ni su bienestar, ni siquiera su supervivencia física como valores superiores a la fidelidad al Evangelio”. La fidelidad de Teresa a la voluntad de Dios, en los pequeños acontecimientos de la vida cotidiana, la prepara para el combate supremo del martirio.

PARA MEDITAR…

“¡Qué significativo testimonio evangélico para las jóvenes generaciones que entran en el tercer milenio! ¡Qué mensaje de esperanza para todos aquellos que se esfuerzan en ir contra corriente del espíritu que reina en este mundo! Quiero presentar en especial a los jóvenes a esta joven, para que aprendan de ella la límpida fe de la que da testimonio el compromiso cotidiano, la coherencia moral sin compromiso, la valentía de sacrificar, en caso necesario, la propia vida, para no traicionar los valores que dan sentido a la vida”. Agradezcamos a San Juan Pablo II que nos haya propuesto como modelo el ejemplo de los mártires, que nos enseñan a mantener una conducta en armonía con nuestra fe. Por la fe “creemos en Dios y en todo lo que Él nos ha dicho y revelado, y que la Santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma” (Catecismo de la Iglesia Católica, 1814). Pero la fe “no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida. Además, una palabra no es acogida auténticamente si no se traduce en hechos, si no es puesta en práctica… Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como Él vivió, o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos.

IMÁN DE SANTIDAD

Estamos viviendo en un mundo que nos lleva por caminos que van contrarios al Evangelio. ¿Estás dispuesto a ir a contracorriente para seguir a Jesús?

ORACIÓN FINAL

Señor Jesús, te pedimos que por intercesión de Santa Teresa Bracco nos des la gracia de una plena coherencia entre nuestra vida y nuestra fe, fuente de innumerables favores para nosotros y para aquellos a quienes confiamos al Señor en la oración. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

 

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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