Santa Maria Teresa Chiramel Mankidiyan

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Nació en la India. Como escribía en su autobiografía, redirigida por obediencia a su director espiritual, desde muy pequeña sintió un intenso deseo de amar a Dios, que la llamaba a recitar el Rosario varias veces al día. Su madre procuraba disuadirla de esas severas mortificaciones, más ella persistía en este gesto a fin de asemejarse cada vez más a Cristo sufriente, y llegó a consagrar su virginidad cuando tenía apenas diez años. Como consecuencia de la muerte de su madre, interrumpió el estudio escolar más continuó muy interesada en el discernimiento de su vocación. Quería una vida escondida para dedicarse a la oración, y en 1891 decidió salir de casa para llevar una vida eremítica y de penitencia, más su proyecto fracasó. Intensificó en tanto su colaboración en la parroquia, juntamente con tres compañeras, dedicándose a los pobres, docentes, personas solas y huérfanos. Oraba por los pecadores, por la conversión de ellos.

Recibió de Dios muchos favores místicos, entre ellos visiones y estigmas, más permaneció siempre en el camino de la humildad. Su Obispo, dudando de la autenticidad de tales fenómenos místicos, la manda a someterse varias veces a exorcismos. En 1903 explicó al vicario apostólico de Trichur su deseo de fundar una casa de retiro y oración, más le fue sugerido entrar en el convento de las Clarisas Franciscanas. Después, habiendo sido enviada al convento de las Carmelitas de Ollur, también allí María Theresa percibió que no era esta su vocación. Finalmente, el Obispo comprendió que Dios deseaba una nueva congregación religiosa al servicio de la familia. El día 14 de Mayo de 1914 fue erigida canónicamente la nueva Orden que se denominó Congregación de la Sagrada Familia. Durante y después de los difíciles años de la primera guerra mundial, con indómita energía y total confianza en la Providencia Divina, dio vida a tres nuevos conventos, dos escuelas, una casa de estudios y un orfanato. Maria Teresa muere con fama de santidad el 8 de junio de 1926.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

Theresa no tiene dudas sobre lo que quiere de la vida: consagrarse al Señor y realizar obras de caridad. Comienza participando en la parroquia con algunas amigas, pero su apostolado está mal visto en una sociedad donde no es apropiado que las mujeres deambulen solas. Mientras tanto, realiza experiencias místicas, tiene visiones y sufre los dolores de la crucifixión de Jesús sobre sí misma, lo que atrae cada vez más sospechas y burlas. En 1904, su obispo la autorizó a agregar el nombre de Mariam al suyo, tal como la Virgen le había pedido que hiciera en un sueño, y finalmente trató de seguir su vocación religiosa.

PARA MEDITAR…

Una vida de consagración equivale a un esfuerzo de dedicación y hábitos cristianos. En su semántica, la palabra consagración implica un enfoque extremo, un ardor y un entusiasmo inusuales hacia algo. En términos de fe, consagrarse significa apartarse de otras cosas para dedicarse en cuerpo, alma y espíritu a las cosas de Dios. La consagración es el camino hacia la santidad, que, como ya sabemos, significa separación del mundo y del pecado. La santidad no es sinónimo de perfección sino de renunciación a la vida mundana y a la tentación del pecado; una inclinación voluntaria y un amor profundo por el Señor y su divinidad, así como por su reino en el cielo y la tierra. Un hábito es aquello que se practica por repetición, casi siempre de manera inconsciente. La consagración requiere de hábitos piadosos constantes, así como de una permanencia y una convicción inquebrantables. Estos pueden ser practicados de manera personal o en familia.

IMÁN DE SANTIDAD

Theresa se dedicaba mucho a las obras de caridad y a ayudar a su prójimo. ¿Hacés obras de caridad? ¿Ayudás al que más lo necesita?

ORACIÓN FINAL

María, Reina de los confesores, ayúdanos a seguir a tu Hijo divino, como María Theresa Chiramel Mankidiyan. Intercede por nosotros, para que, participando íntimamente en la pasión redentora de Cristo, vivamos la fecundidad de la semilla que muere y seamos acogidos en el Reino de los Cielos. Amén.

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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