San José María Robles

ORACIÓN INICIAL

¡Ayúdame, Espíritu divino, a ser constante en mi vida espiritual, a que mi vida esté impregnada de la sabiduría divina para crecer en santidad! ¡Concédeme la gracia, Espíritu de sabiduría, de poner siempre en todo lo que haga mi corazón a Jesús! Amén.

UNA PINCELADA HISTÓRICA

Nació el 3 de mayo de 1888 en la ciudad de Mascota, México. A los 12 años ingresó al Seminario de Guadalajara. Se distinguió por su inteligencia, responsabilidad en los estudios y dedicación a la catequesis. Cuando aún era seminarista fue invitado por el obispo de Tehuantepec a trabajar en su diócesis.

Fue ordenado sacerdote en Guadalajara en 1913; donde desempeñó sus ministerios en diversas parroquias. Expresaba un profundo amor al corazón de Jesús.

Se dedicaba a confesar y atender a los enfermos. En 1918 fundó la congregación “Víctimas del Corazón Eucarístico de Jesús”. Con motivo de la persecución tuvo que ocultarse. En junio de 1927 se disponía a celebrar una Eucaristía en la casa particular donde se escondía cuando llegaron los soldados y lo tomaron preso. Lo condujeron al cuartel de los agraristas y lo asesinaron. Sus restos se encuentran en el noviciado de las Hermanas del Corazón de Jesús Sacramentado, nombre actual de la congregación que él mismo fundó.

Fue beatificado el 22 de noviembre de 1992 y el Papa Juan Pablo II lo canonizó el 21 de mayo del 2000.

¿QUERÉS IMITAR LAS VIRTUDES DE LOS SANTOS?

A medianoche, sujeto con cuerdas, fue sacado de la cárcel y obligado a caminar rumbo a la sierra de Quila. Un soldado al notar que se le dificultaba caminar, le cedió el caballo. Al llegar a la parte más alta de la sierra, los soldados se detuvieron a los pies de un frondoso roble. El Padre José María comprendió que lo iban a ahorcar, perdonó a sus verdugos, y al acercarse uno de los agraristas, que era su compadre, llamado Enrique Vázquez, le dijo: “Compadre, no te manches”. Y tomándole la soga de entre las manos se la colocó él mismo. Los soldados consumaron el crimen y lo bajaron poco tiempo después ordenando a unos arrieros que dieran aviso a la gente de la ranchería de Quila que allí estaba un ajusticiado; era la madrugada del 26 de junio de 1927.

PARA MEDITAR…

En diciembre de 1920 fue nombrado párroco de Tecolotlán, Jalisco. Desde su primer sermón se ganó la confianza y admiración de sus feligreses y con su fervorosa predicación comenzó a encender en el corazón de todos el amor al Sacratísimo Corazón de Jesús. Una de sus primeras preocupaciones fue visitar el hospital y al encontrarlo en ruinas concibió la idea de reedificar la finca. Formó grupos de fieles para integrarlos a la labor parroquial, sin distinción de clases, sexos o edades. Tuvo especiales atenciones para los obreros, a quienes exhortaba a la fraternidad y a la observancia de una vida netamente cristiana. Se ganó la simpatía de sus feligreses por brindarles un trato siempre amable, de sincera amistad, de estímulo al cumplimiento de sus deberes. Se distinguió por la perseverancia y constancia en superar los obstáculos, como el caso de la fundación de su congregación, pero su virtud relevante era el amor al Corazón de Jesús y su deseo vehemente de salvar a los hombres. Celebraba la Santa Misa con mucho fervor y trataba de infundir en sus feligreses el amor a la Eucaristía. Amaba entrañablemente a la Santísima Virgen. Lleno de caridad para con todos se prodigaba en el confesionario y en la atención a los enfermos. Por medio de la prensa propagó la doctrina cristiana y el apostolado del Sagrado Corazón de Jesús, publicó un periódico que llamó: “Luz del Hogar”.

IMÁN DE SANTIDAD

El Padre José María se distinguió por la perseverancia y la constancia en superar obstáculos. ¿Sos perseverante ante las situaciones adversas que vivís en el día a día?

ORACIÓN FINAL

Quiero amar tu corazón, Jesús mío, con delirio, quiero amarte con pasión, quiero amarte hasta el martirio. Con el alma te bendigo, mi Sagrado Corazón. Dime: ¿se llega el instante de feliz y eterna unión? Tiéndeme, Jesús, los brazos, pues tu “pequeñito soy”; de ellos, al seguro amparo, a donde lo ordenes, voy. Al amparo de mi Madre y de su cuenta corriendo yo, su “pequeño” del alma, vuelo a sus brazos sonriendo. Amén.

Dios te bendiga por medio de Nuestra Madre,

Padre Marcelo

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