Adviento Día #10

Día #10: “Que no me dejarás huérfano porque Tú estás presente en Tu Iglesia, Jesús, confío en Ti.”

¿No somos todos un poco huérfanos en el fondo de nuestro corazón? Independientemente de si hemos perdido a nuestros padres o no, podemos llegar a vivir como huérfanos, vamos a lo largo de nuestras vidas cargando con nuestras cruces, luchando por llevar solos nuestros planes, etc. Pero ¿Cuál es nuestro premio? El querer desesperadamente ser independientes, por demostrar que somos fuertes, mostrar nuestra inteligencia y nuestro sudor por los sacrificios. Hay una elección para la soledad, una elección por vivir detrás de una apariencia de que no necesitamos a nadie, no podemos confiar en nadie. Quizás no parezca una elección sino más bien una forma de manifestar nuestro miedo y demostrar quienes somos y lo que valemos, pero en cualquiera de estas opciones se puede tornar en un estilo de vida, e incluso una preferencia.

En febrero del 1941 un joven volvió del trabajo a su casa y se encontró con su padre muerto de un ataque al corazón, su madre había fallecido cuando él tenía solo 8 años y su hermano cuando tenía 12. En ese momento, pasó toda la noche al lado del cuerpo de su padre y dijo “nunca pensé sentirme tan solo”. A pesar de todo ese sufrimiento y una dura búsqueda del sentido de la vida, y del amor este joven que posteriormente se convertiría en San Juan Pablo II, encontró un lazo mucho más profundo que el de su familia, que el de su país, encontró un profundo y mayor sentido en la Iglesia Católica. Este joven huérfano se convirtió en el padre de miles, guiándolos a su verdadero hogar, no solo en esta vida sino en la próxima, en la eterna. Anunció la Palabra, esa luz para cada corazón, el mensaje de que somos amados, somos pensados y conocidos, somos deseados y correspondidos.

Es por eso por lo que como hijos/as de Dios debemos vivir en el único lugar donde podemos recibir todo el amor, la fortaleza y las gracias de nuestro Padre: en el presente.

Entonces, la próxima vez que te sientas solo, te invito a sentarte enfrente al Sagrario y encontrarte con El que nunca nos dejará huérfanos, el que hizo el máximo sacrificio de amor para quedarse con nosotros. El mismo es el que nos dice: “Yo estaré con ustedes, todos los días hasta el fin del mundo” Mt 28:20.

Coloquio del día: “Señor, por intercesión de San Juan Pablo II, ayúdame a saber que siempre estás conmigo al igual que nuestra Madre, la Santísima Virgen, apártame de todo sentimiento de soledad y tristeza para poder encontrar gozo en tu presencia”

Gesto  del día: Dedicarle un rato de mi día a adorar a Jesús, ya sea frente al Sagrario o expuesto en el Santísimo Sacramento. 

Padre Marcelo

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