Adviento Día #13

Día #13: “De la incredulidad en Tu amor y presencia, líbrame Jesús.”

Testimonio de la hermana Mary Casey, SV- Nunca me voy a olvidar de aquella tarde en pleno periodo de exámenes a final de semestre, parecía como cualquier otra, pero cambió por completo mi vida. Me encontraba en un momento de mi vida en donde estaba en una búsqueda y con un deseo constante de algo más. De alguna manera, intelectualmente y en mi corazón, sabía que había algo más, y  estaba decidida a encontrarlo sin importar lo que eso conllevara. Recuerdo esa tarde en que mis amigas salieron, y yo me había quedado sola, había algo dentro de mí con un intenso deseo de encontrar aquello que sentía. Esa tarde de camino entré a una capilla, y me senté en el último banco de este templo oscuro y frío. Recuerdo haber mirado al Sagrario y todo lo que pude pensar fue: “Jesús, la gente dice que vos estas ahi adentro”, y todo mi ser quería realmente creerlo, pero en ese momento todo aquel anhelo por perseguir eso que necesitaba de repente desapareció, dejándome vacía. Todo lo que pude decir fue “acá estoy, agotada y sin nada que ofrecer”, durante el tiempo que estuve allí sentada repitiendo estas palabras, el sentimiento de tristeza era cada vez más grande y me sentía un poco ansiosa también. No estoy muy segura de como llegue a sacar una estampita en mi bolsillo que un compañero me había regalado y decía la frase de Madre Teresa “Tengo Sed”, mientras la leía, mi corazón y mi alma comenzaron a serenarse. Tampoco recuerdo cómo mi corazón y mi mente se quedaron perfectamente en silencio, no puedo olvidarme de ese silencio que presencie en mi interior, el Señor no perdió esa oportunidad para actuar ya que en ese exacto momento escuché mi nombre seguido de un “te amo”, en ese instante me acuerdo de haber mirado a mi alrededor y no entender lo que estaba sucediendo, automáticamente me pregunté en voz alta “¿¡Qué!?, y lo escucho decirme de nuevo “te amo”, y todo lo que pude pensar fue “no, claro que no lo haces ni tampoco podes amarme”; le di un millón de razones por la cual su amor era ilógico, y en ese momento lo vuelvo a escuchar decir “te amo”, y volví a pensar: “muy bien, voy a intentarlo de nuevo, Jesús te voy a mostrar todas las razones por las cuales deberías de reconsiderar amarme”. Era como si estuviese intentando convencer a mi propio Dios de que no me ame; y es ahí que lo escucho por última vez decirme: “te amo, te amo, te amo”. Una parte de mi no sabia que significaba eso en ese momento de mi vida, o como recibirlo, pero ¡sabía que era real!, comencé a llorar de alegría de una manera que nunca antes la había experimentado, tenía un sentimiento de completa paz y alivio. En ese momento entendí que había encontrado lo que había estado buscando, no podía ponerlo en palabras aún, pero mi corazón sabía que era eso, no se trató de lo que encontré sino a QUIEN encontré: ¡a Jesús! Él era a quien había estado buscando. Son estas palabras de amor que presencié, que son para todos sus hijos amados, Él está desesperado y deseoso por encontrar una pequeña ventana abierta de parte nuestra que lo invite a entrar en nuestros corazones, Él quiere entrar y residir ahí para siempre. El quiere ser parte de cada pensamiento, cada acción, cada deseo, cada herida, quiere darle luz a cada rincón de nuestras vidas.

Coloquio del día: “Jesús, te pido la valentía de dejarte entrar en mi vida y residir en ella”

Gesto del día:  Realizar un “examen de corazón”, esto implica revisar cómo es nuestra relación con Dios y en qué medida nos comunicamos con Él, tenemos diálogo con Él, ejercitamos y nos apoyamos en una amistad con Él.

Padre Marcelo

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