Adviento Día #2

Día 2: Mis pecados y fracasos

“Que Tu amor me transforma y es más profundo que mis pecados y faltas. Jesús, en Vos confío”

“De él aprendieron que es preciso renunciar a la vida que llevaban, despojándose del hombre viejo, que se va corrompiendo dejándose arrastrar por los deseos engañosos,  para renovarse en lo más íntimo de su espíritu y revestirse del hombre nuevo, creado a imagen de Dios en la justicia y en la verdadera santidad.” Efesios 4:22-24

Cuántas veces nos cuestionamos sobre nuestro “hombre viejo” y nos culpamos de los pecados cometidos, hasta incluso nos avergonzamos de las cosas que hicimos antes de habernos encontrado con Jesús. Es precisamente ese “hombre viejo” que Dios ama profundamente, esa persona que éramos sin Él, es la que anhelaba encontrarse desde toda la eternidad. La idea de que Dios se enamore de un pecador es incomprensible desde el punto de vista humano, especialmente cuando miramos nuestras propias faltas no logramos entender como el nos puede mirar con tanto amor. 

Cuenta un testimonio, que mientras esta persona oraba, le pidió a la Virgen que la llevara a algún momento en la vida de Jesús que pudiera sanarla, curar sus heridas provocadas por todo el mal que había cometido, así que la Virgen la llevó a los pies de la cruz en donde se veía como la sangre del corazón de Jesús se volcaba sobre sus heridas, y recuerda ver cómo la miraba con amor, porque no veía únicamente sus heridas, sino, a toda su persona. En ese momento experimentó como estaba siendo creada nueva en Cristo Jesús, y afirma: “Él es el médico divino, no necesito esconder ningún pecado, sino más bien, correr hacia Él con toda mi miseria, porque es ahí donde permito que me transforme por completo”

Coloquio del día: ¡Jesús, te entrego mi pasado, presente y futuro, para que me hagas un hombre nuevo!

Gesto del día: Meditar con María el misterio de la crucifixión de Jesús.

Padre Marcelo

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