Adviento Día #21

Día #21: “Que mi vida es un regalo, Jesús, confío en Ti.”

Todos en algún momento de nuestras vidas nos cuestionamos cómo Dios puede realmente amarnos, si miramos la bajeza, la oscuridad y la profundidad de nuestros pecados nos preguntamos aún más cómo es que nos anhela tanto, como puede elegirnos, o ¡incluso querernos!

Nos cuenta una hermana su experiencia acerca de un retiro previo a tomar sus votos: le designaron meditar Juan 1, y es en esa meditación que las palabras del Evangelio la interpelan de una manera increíble: “La luz brilla en las tinieblas, y las tinieblas no la recibieron” (Jn 1:5). En el medio de su oración se encuentra con la imagen de la Santísima Trinidad  y ve cómo estaba siendo creada nueva. Narra que en su oración veía como Dios Padre le habla a Jesús diciéndole: “Hijo, te voy a dar una esposa, y ella va a ser bella, va a ser todo lo que siempre pensaste, pero ella primero va a buscar otras cosas y a otras personas para amar antes de buscarte a vos”. Luego de estas palabras, Dios Padre le va mostrando y va pasando como escenas en una película, todas aquellos momentos, y pecados por los cuales ella pensaba que no podía ser amada por Dios. Es enseguida después de que Dios Padre fue nombrando un pecado tras otro,  que Jesús iba respondiendo “que haya luz”, “que haya luz”, “que haya luz”… Es en ese momento, ni un segundo después, que se comienza a dar cuenta de que en verdad ella fue creada por la luz y que sus pecados no eran ningún obstáculo para que Dios la amara, Dios había elegido crearla como fruto de su eterno amor, no había sido creada por la oscuridad, ni los pecados definían quién era ella. Fue por el saberse amada y creada a imagen y semejanza de Dios, que dejó de mirarse con los lentes del pecado y comenzó a verse desde el corazón de su creador, recibió la vida con Cristo como lo que es: ¡un regalo!

Te invito en el día de hoy en tu oración a invitar realmente a Dios en los lugares más oscuros de tu corazón, los más oscuros, los que te avergüenzan, los que no queres que nadie vea.

Coloquio del día: “Te ofrezco Señor mi corazón para que entres en los lugares más oscuros y heridos y los hagas nuevo en tu luz”

Gesto del día: Repetir durante mi día: “Mi corazón te abro Jesús”

Padre Marcelo

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