Adviento Día #3

Día 3: “Del temor a no ser amado, líbrame Jesús”

Somos hijos de Dios, amados profundamente. Cuando él nos creó, ¿sabes que dijo? “Vio que era MUY bueno”, y, ¡realmente lo quiso decir!

Somos muy buenos, fuimos creados a imagen y semejanza de Dios. Él nos ama, no por lo que podamos hacer, o por nuestra formación o por cuánto dinero tengamos en nuestras cuentas bancarias, incluso a esa persona que a veces tratamos de esconder, él nos toma en nuestra totalidad, nos ama por quienes somos. Es muy fácil olvidarnos de este amor, sobre todo cuando sufrimos traiciones, fracasos, más aún cuando vemos nuestros propios pecados y debilidades, llegando incluso a dudar de nosotros mismos, de que no somos lo suficientemente buenos, o valiosos. Es muy normal en el hombre comenzar a hacernos una especie de “auto boicot de pensamientos”, tales como “el/ella es mejor que yo”, “no valgo nada”, “nadie me quiere”, entre tantos que lo único que hacen es desanimarnos y “achicarnos” ante la realidad que enfrentamos, estos cuestionamientos nos debilitan.

Pero para nuestra sorpresa, déjame decirte que estos pensamientos ¡son una gran mentira!

Esa no es la verdad que Jesús tiene sobre cada uno de nosotros, recordá que nuestro Dios vino a este mundo, ¡y se hizo hombre para decirte lo que vales! ¡La cruz de nuestro Señor es nuestro precio, la vida de nuestro Dios es lo que valemos! ¿Te parece poco?

Te invito en este Adviento a aproximarte al nacimiento de Jesús, imitando a la Madre Teresa, ella solía decir que para amar a Jesús íntimamente, tanto ella como sus hermanas, primero habían de abrirse para ser amados por Él y que esto mismo saciaba Su sed – Su sed no solamente de ser amado sino de amarnos, de poseernos. Les sugería a las hermanas: “El día de hoy no leamos mucho, o incluso meditemos mucho, sino que sólo permitamos que Jesús nos ame. Siempre queremos decir “Jesús te amo” pero no le permitimos amarnos. Que en el día de hoy con frecuencia digan “aquí estoy Jesús, ámame”.”

Coloquio del día: Jesús, ayúdame a abrirte mi corazón, a sentirme amado/a por vos.

Gesto del día: Repetir durante el día la frase de Madre Teresa: “¡Aquí estoy Jesús, ámame!”

Padre Marcelo

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