Adviento Día #8

 Día 8: “Que Tú me das la gracia para aceptar el perdón y para perdonar a los demás Jesús, confío en Ti.”

El perdón es todo un desafío, fue un reto para Pedro, quien fue el primer papa, el le preguntó a Jesús, Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿hasta 7 veces?, Pedro al decir esto pensó que estaba siendo muy generoso, pero no, no era tan generoso como el Señor esperaba. Jesús le respondió, no te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete, que esto significa, todo el tiempo, en toda situación y circunstancia. Esto es todo lo que tenemos que perdonar. Nos podremos preguntar ¿cómo es que alguien puede perdonar tanto?, la respuesta es sencilla: ¡nosotros solo no podemos! solo con la gracia de Dios, imitándolo a Él. ¿Dónde vemos a Jesús perdonándonos? Cuando estaba muriendo en la cruz, en sus últimas palabras, su último aliento, extendiendo sus brazos con todo ese dolor y agonía que estaba viviendo y dice: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. 

Somos muy rápidos para detectar cuando nos lastiman, pero a veces ni siquiera nos damos cuenta a cuanto nosotros podemos ofender a alguien más. Precisamos de esa misericordia que nace del costado abierto de Jesús, esa gracia que nos ofrece a nosotros para poder perdonar, para perdonarnos unos a los otros. Dios se hace presente en cada atrocidad que sucede a lo largo de nuestras vidas, del mundo, y aun así, nos perdona. Es por eso para lo que el vino, para morir en esa cruz por cada uno de nosotros, vino a morir en esa cruz como un hombre, como una ofrenda viviente ofrecida a nuestro Padre para poder ser perdonados por nuestros pecados, y así como recibimos este regalo, el de ser redimidos, somos llamados a darlo a los demás. El perdón es el camino a la libertad, a la paz, a la alegría, estamos llamados a perdonar.

Pensemos en la oración que Jesús nos enseñó, el Padre Nuestro, cuando dice “Padre perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”. Si no perdonáramos le estaríamos diciendo a nuestro propio Padre “no perdono a los demás, así que no me perdones”. Todos queremos ser perdonados, no queremos ser esclavos de no poder perdonar, que lo único que nos trae es amargura, enojo, odio, venganza, tantas cosas negativas ¡que nos apartan del amor misericordioso de nuestro Padre!

Recordemos que el perdonar no es un sentimiento, sino una decisión. Elegimos perdonar, y es ahí cuando se lo entregamos a Dios, él será el que juzgue, no nosotros, por lo que nos libera y la gracia va a estar siempre si la pedimos.

 Coloquio del día: “Jesús, en Vos confío, en que me darás la gracia para aceptar el perdón, a perdonarme a mí mismo y a los demás. En tus manos lo entrego.”

 Gesto del día: Meditar el pasaje de Mateo 18:21-22: “Pedro se acercó a Jesús y le preguntó: -Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano que peca contra mí? ¿Hasta siete veces?- No te digo que, hasta siete veces, sino hasta setenta y siete veces -le contestó “Jesús-.

Padre Marcelo

A %d blogueros les gusta esto: