Día #24

24 DE ENERO

“EL DOCTOR DE LA AMABILIDAD”

SAN FRANCISCO DE SALES

Nacido en el castillo de Sales, en Saboya, el 21 de agosto de 1567, fue conquistando la virtud día tras día. En ella condensaba la exquisita enseñanza evangélica que había recibido de su madre. Heredó su paciencia y constancia, así como la elegancia en el trato. Temiendo su padre que la influencia materna hiciera de él un hombre frágil, designó al riguroso y exigente padre Déage para ser su preceptor. El santo agradeció siempre sus enseñanzas y las acogió humildemente. Eso sí, determinó actuar con los demás de un modo distinto, allanándoles el camino y liberándoles del peso que encierra el perfeccionismo. Al recibir la primera comunión en el colegio de Annecy con 8 años, estableció las consignas que seguiría su vida de entrega a Cristo: orar, visitar al Santísimo, ayudar a los pobres y leer vidas ejemplares. Procuró ser fiel a ellas hasta el fin de sus días.

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

INTRODUCCIÓN A LA VIDA DEVOTA  (CAPÍTULO XIX)

-DE SAN FRANCISCO DE SALES-

He aquí, pues, amada Filotea, las meditaciones que se requieren para nuestro objeto. Una vez hechas, ve, con espíritu de humildad, a hacer tu confesión general; pero te ruego que no te dejes perturbar por ninguna aprensión. El escorpión, que nos ha herido, es venenoso cuando nos pica, pero, una vez reducido a aceite, es un remedio contra su propia picadura. Sólo cuando lo cometemos, es vergonzoso el pecado, pero, al convertirse en confesión y en penitencia, es honroso y saludable. La confesión y la contrición son tan bellas y de tan buen olor, que borran la fealdad y disipan el hedor del pecado. Simón el leproso dijo que Magdalena era pecadora, pero Nuestro Señor dijo que no, y ya no habló de otra cosa sino de los perfumes que derramó y de la grandeza de su amor. Si somos humildes, Filotea, nuestro pecado nos desagradará infinitamente, porque es ofensa de Dios; pero la acusación de nuestro pecado nos será dulce y amable, porque Dios es honrado en ella: decir al médico lo que nos molesta es, en cierta manera, un alivio. Cuando llegues a la presencia de tu padre espiritual, imagínate que te encuentras en la montaña del Calvario, a los pies de Jesucristo crucificado, destilando por todas partes su preciosa sangre, para lavar tus iniquidades; porque, aunque no sea la propia sangre del Salvador, es, sin embargo, el mérito de su sangre derramada el que rocía abundantemente a los penitentes, alrededor de los confesionarios. Abre, entonces, bien tu corazón, para que salgan de él los pecados, por la confesión, porque, conforme vayan saliendo, entrarán en él los méritos de la pasión divina para llenarlo de bendiciones.

PREGUNTAS GUÍAS…

¿Con qué frecuencia acudo al Sacramento de la reconciliación?

¿He hecho un buen exámen de conciencia? (ver guía al final del libro)

ORACIÓN FINAL

Padre, concédeme tu gracia para que pueda desde ahora llenarme de gozo, que pueda realizar un buen examen de conciencia, haz que desaparezcan en mí todo miedo y vacilación, enséñame a ejemplo de San Francisco, como debo confesar mis pecados. Envía tu Espíritu sobre mi, para que los recuerde todos y sienta dolor por ellos. Dame el valor para no mantener en secreto ningún pecado, abriendo mi alma ante ti con toda sencillez y sinceridad. Amén.

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Padre Marcelo

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