Día #33

2 DE FEBRERO

LA PRESENTACIÓN DEL SEÑOR

Esta fiesta, que cierra las solemnidades de la Encarnación, conmemora la Presentación del Señor, el encuentro con Simeón y Ana, (encuentro del Señor con su pueblo) y la purificación ritual de la Virgen María. Presentación: cuarenta días después del nacimiento de Jesús, María y José llevaron al Niño al Templo, a fin de presentarlo al Señor, según la ley de Moisés.

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

EVANGELIO SEGÚN SAN LUCAS 2, 22-32

Cuando llegó el día en que José y María debían ser purificados como decía la ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarlo al Señor. Como está escrito en la ley del Señor: «Todo primer varón debe ser dedicado al Señor». Fueron a ofrecer el sacrificio tal como la ley del Señor dice: «Ofrezcan un par de tórtolas o dos pichones». Había un hombre en Jerusalén que se llamaba Simeón. Dedicaba su vida a Dios y hacía su voluntad. Vivía esperando el tiempo en que Dios le trajera consuelo a Israel. El Espíritu Santo estaba con él y le había dado a conocer que no moriría sin haber visto al Mesías, a quien el Señor enviaría. El Espíritu hizo ir a Simeón al área del templo. Cuando María y José trajeron al niño Jesús al templo para cumplir la ley, Simeón tomó al niño en sus brazos y alabó a Dios: «Ahora, Señor, puedes dejar que tu siervo muera en paz, como lo prometiste. He visto con mis propios ojos cómo nos vas a salvar. Todas las naciones podrán ver ahora cuál es tu plan. Él será una luz que alumbrará a todas las naciones, y traerá honor a tu pueblo Israel».

REFLEXIÓN DEL PAPA FRANCISCO

La liturgia de hoy nos muestra a Jesús que va al encuentro de su pueblo. Es la fiesta del encuentro: la novedad del Niño se encuentra con la tradición del templo; la promesa halla su cumplimiento. ¿Qué nos enseña esto? En primer lugar, que también nosotros estamos llamados a recibir a Jesús que viene a nuestro encuentro. Encontrarlo: al Dios de la vida hay que encontrarlo cada día de nuestra existencia; no de vez en cuando, sino todos los días. Al Señor no se le encuentra virtualmente, sino directamente, descubriéndolo en la vida. De lo contrario, Jesús se convierte en un hermoso recuerdo del pasado. (…) El encuentro con el Señor es la fuente. Por tanto, es importante volver a las fuentes: retornar con la memoria a los encuentros decisivos que hemos tenido con él, reavivar el primer amor (…) El Evangelio también nos dice que el encuentro de Dios con su pueblo tiene un principio y una meta. Se parte de la llamada al templo y se llega a la visión en el templo. La llamada es doble. Hay una primera llamada «según la Ley». Es la de José y María, que van al templo para cumplir lo que la ley prescribe. No es una constricción: los padres de Jesús no van a la fuerza o para realizar un mero cumplimiento externo; van para responder a la llamada de Dios. Luego hay una segunda llamada, según el Espíritu. Es la de Simeón y Ana. También está resaltada con insistencia: tres veces, refiriéndose a Simeón, se habla del Espíritu Santo y concluye con la profetisa Ana que, inspirada, alaba a Dios. Esta doble llamada, de la Ley y del Espíritu, ¿qué nos enseña para nuestra vida espiritual? Que todos estamos llamados a una doble obediencia: a la ley -en el sentido de lo que da orden bueno a la vida-, y al Espíritu, que hace todo nuevo en la vida. Así es como nace el encuentro con el Señor: el Espíritu revela al Señor, pero para recibirlo es necesaria la constancia fiel de cada día. Por otro lado, las mejores reglas no son suficientes sin la novedad del Espíritu: la ley y el Espíritu van juntos. (…) Dios nos llama a que lo encontremos a través de la fidelidad en las cosas concretas: oración diaria, la misa, la confesión, una caridad verdadera, la Palabra de Dios de cada día. El encuentro, que nace de la llamada, culmina en la visión. (…) Simeón ve la sencillez de Dios y acoge su presencia. (…)

PREGUNTAS GUÍAS…

¿Me dejo guiar por el Espíritu Santo o solo vivo la fe para cumplir con la ley?

¿Dedico el tiempo suficiente para encontrarme con Jesús y conocerlo cada día más?

ORACIÓN FINAL

Qué paz me da Señor el ejemplo de tu Madre al ofrecerte a Dios. Que el día cuando me presente ante ti pueda presentarte muchas almas, ganadas para vos con horas de oración y sacrificio. Hazme comprender que cada acto de donación es una invitación a los hombres a creer en ti, y que pueda vivir cada día guiado por el Espíritu Santo con una fe expectante.

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Padre Marcelo

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