Día #40

9 DE FEBRERO

¡MIREN CÓMO SE AMAN!

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

EVANGELIO SEGÚN SAN MATEO 5, 13-16

Jesús dijo a sus discípulos: ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres. Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña. Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa. Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.

REFLEXIÓN

El distintivo de los primeros cristianos era el amor: “miren cómo se aman”, decían. Es como si Cristo nos pidiese que no seamos humildes. Brille así su luz delante de los hombres para que vean sus buenas obras -pero es ahora donde viene lo importante- y glorifiquen a su Padre que está en los cielos. No dejemos que esa falsa humildad nos aparte de obrar bien y realizar la voluntad de Dios, el secreto está en que no nos glorifiquen a nosotros sino a Dios. Recordemos que somos sal y luz, estamos hechos para brillar, para dar sabor. Parte de nuestra misión como seguidores de Cristo y fieles discípulos es que el mundo vuelva a encontrarse con Dios y que cuando nos vean tengan que exclamar asombrados: “miren cómo se aman”. Que todos puedan decir: “miren cómo brillan en el mundo”, “miren cómo iluminan el camino”, “son como una lámpara que hay que poner en lo alto para que alumbre a todos”. Que no se nos olvide que esa luz que está en nosotros, ¡es Cristo! Es a Él a quien tienen que dar gloria y admirar. Él hace milagros. Dice el Evangelio que si la sal se desvirtúa ya no sirve para nada, pero todo tiene solución mientras dura la vida porque Dios es omnipotente. Si tú, siendo cristiano, siendo sal de la tierra, crees que has perdido el sabor, confía plenamente en que hay alguien que lo puede devolver, confía en que hay una persona que puede hacerte ser otra vez sal de la buena, de ser sal insípida a ser sal que le da gusto a las cosas. Si tú te consideras una lámpara sin luz, de esas que sí se tendrían que esconder o apagar porque ya no alumbran, acércate a Cristo porque Él es la luz, es Él el que da sentido a nuestra vida, Él nos hará ser lo que debemos ser y de esta forma ¡prenderemos fuego al mundo entero! Así podrán exclamar un día también de nosotros como exclamaban de los primeros cristianos: “miren cómo se aman”. ¡Ánimo!

PREGUNTAS GUÍAS

¿Caigo en la tentación de pensar que no valgo nada? ¿Le pido a Jesús que sea Él el que obre?

¿Me preocupo de encontrarme con Jesús para poder conocerlo y ser “portador de luz”?

ORACIÓN FINAL

Señor, sé que me llamas a ser sal y luz para los demás, esto significa que mi testimonio de vida, mis acciones, mis palabras y pensamientos tienen que ser un claro reflejo de tu amor y misericordia. ¡Tu gracia es la fuente! Ayúdame, Padre, a ser dócil al Espíritu Santo para que pueda edificar en mí el auténtico testimonio de Tu amor. Amén

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Padre Marcelo

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