Día #47

16 DE FEBRERO

LA LEY PRIMERA: ¡AMAR!

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

LECTURA SEGÚN SAN MATEO 5, 17-20

Jesús dijo a sus discípulos: «No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos.» Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos.

REFLEXIÓN

Es muy común creernos que el cristianismo es una larga lista de normas y mandamientos que debemos de cumplir. Es como que Jesús en este pasaje nos complica aún más nuestros deberes. Pero recordemos que eso no es el cristianismo: “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea (podemos añadir a las palabras del Papa, por el cumplimiento de normas), sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas). Es sólo a través de Cristo, del prisma de su amor, que se puede no sólo entender, sino sobre todo vivir lo que nos corresponde como sus seguidores y así cumplir con Su voluntad. Si prestamos atención a la lista de leyes que Cristo perfecciona en este Evangelio tiene un denominador común: el amor, ya sea este para con Dios o al prójimo. Acaso, ¿no será un acto supremo de amor el saber perdonar al que nos lastima, al que ha dañado nuestra familia, nuestro corazón o alguna situación particular de nuestra vida? Asimismo, el conservar nuestra pureza de corazón y de cuerpo, ¿no es un acto heroico de amor a nuestro Señor? El matrimonio, ¿no se puede traducir como fidelidad en el amor que Dios unió? Y la coherencia en los deberes realizados ante Dios, ¿no es una postura de un alma que quiere amar con sinceridad? ¡Sólo Jesús nos da la fuerza, el ánimo, el coraje y la paciencia para ser auténticos seguidores de Él! Y es sólo con un sincero encuentro con nuestro Señor que nuestro compromiso de cristianos deja de ser un peso y se convierte en una respuesta de amor al Amor.

PREGUNTAS GUÍAS

“La fe cristiana, poniendo el amor en el centro, ha asumido lo que era el núcleo de la fe de Israel, dándole al mismo tiempo una nueva profundidad y amplitud” (Deus Caritas) ¿Pongo a Jesús en el centro de mi vida o la fe se me hace una “responsabilidad” más?

¿Amo lo suficiente para perdonar al que me lastima? 

ORACIÓN FINAL

Señor, cuántas veces me fijo más en lo que me cuesta cumplir, que en lo que te costó salvarme. Cuántas veces me quejo más de lo que agradezco. Cuántas veces me enojo más de lo que amo. Tú conoces mi debilidad y pequeñez, pero sabes que quiero cumplir con Tu voluntad y responder a Tu amor más que nada en este mundo. Te pido que, así como viniste a perfeccionar la Ley judía, perfecciones la sinceridad, la humildad, la entrega y la pureza de mi corazón. Te lo pido por intercesión de la Santísima Virgen María. Amén.

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Padre Marcelo

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