Día #48

17 DE FEBRERO

UNA SEÑAL DEL CIELO

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

LECTURA SEGÚN SAN MARCOS 8, 11-13

Entonces llegaron los fariseos, que comenzaron a discutir con él; y, para ponerlo a prueba, le pedían un signo del cielo. Jesús, suspirando profundamente, dijo: “¿Por qué esta generación pide un signo? Les aseguro que no se le dará ningún signo”. Y dejándolos, volvió a embarcarse hacia la otra orilla.

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

¿Por qué estos doctores de la ley no entendían los signos de los tiempos y pedían un signo extraordinario? ¿Por qué no entendían? Antes que nada, porque estaban cerrados. Estaban cerrados en sus sistemas, habían organizado muy bien la ley, una obra maestra. Todos los hebreos sabían lo que se podía hacer y lo que no, hasta donde se podía llegar. Estaba todo organizado, todos se sentían seguros allí. Para ellos eran cosas extrañas las que hacía Jesús, ir con los pecadores, comer con los publicanos. A ellos no les gustaba, era peligroso; estaba en peligro la doctrina, esa doctrina de la ley, que ellos, los teólogos, habían creado a lo largo de los siglos. La habían hecho por amor, para ser fieles a Dios. Pero se encerraron allí, sencillamente habían olvidado la historia. Habían olvidado que Dios es el Dios de la ley, pero es el Dios de las sorpresas. Por otro lado, también a su pueblo Dios le ha reservado sorpresas muchas veces, como cuando le ha salvado de la esclavitud de Egipto. Ellos no entendían que Dios es el Dios de las sorpresas, que Dios es siempre nuevo; que nunca reniega de sí mismo, que nunca dice que se ha equivocado, nunca, pero nos sorprende siempre. Y ellos no entendían y se encerraban en ese sistema hecho con tanta buena voluntad y le pedían a Jesús: ‘Pero: ¡haz un signo!’ Y no entendían los muchos signos que hacía Jesús y que indicaban que el tiempo estaba maduro. ¡Cerrazón! Segundo, ellos habían olvidado que eran un pueblo en camino. ¡En camino! Y cuando nos encaminamos, cuando uno está en camino, siempre encuentra cosas nuevas, cosas que no conocía. Y un camino no es absoluto en sí mismo.

PREGUNTAS GUÍAS

¿Cuántas veces bajo la desesperación le pido un “signo” al Señor? ¡Pedile la gracia de confiar en Él!

¿Me cuesta abrirme a la voluntad de Dios y a las cosas nuevas que me presenta?

ORACIÓN FINAL

Jesús, al ver cómo moriste por mí en esa cruz, encuentro en ella la gran señal que es la gran prueba de Tu amor. Que pueda contemplarte siempre en la Eucaristía, ¡que es el más grande milagro! Te pido la gracia de poder confiar más en lo que tengas preparado para mí y que me des un corazón dócil a las cosas nuevas que pueda enfrentar a diario. Te lo pido por intercesión de María, quien se mantuvo siempre abierta a Tu amor. Amén.

 

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Padre Marcelo

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