Día #49

18 DE FEBRERO

¡FELICES LOS QUE SOPORTAN LA PRUEBA!

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

EPÍSTOLA DE SANTIAGO 1, 12-18

Feliz el hombre que soporta la prueba, porque después de haberla superado, recibirá la corona de Vida que el Señor prometió a los que lo aman. Nadie, al ser tentado, diga que Dios lo tienta: Dios no puede ser tentado por el mal, ni tienta a nadie, sino que cada uno es tentado por sus malos deseos, que lo atraen y lo seducen. De ellos nace el pecado, y este, una vez cometido, engendra la muerte. No se engañen, queridos hermanos. Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación. El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.

HOMILÍA DEL PAPA FRANCISCO

La paciencia no es resignación, es otra cosa: “alégrense profundamente cuando se vean sometidos a cualquier clase de pruebas”. Parece una invitación a volverse faquir, pero no es así. La paciencia, soportar las pruebas, las cosas que nosotros no queremos, hace madurar nuestra vida. Quien no tiene paciencia quiere todo de inmediato, todo de prisa. Quien no conoce esta sabiduría de la paciencia es una persona caprichosa, como los niños que son caprichosos y ninguna cosa les sienta bien. La persona que no tiene paciencia es una persona que no crece, que se queda en los caprichos del niño, que no sabe tomar la vida como viene, o esto o nada. Ésta es una de las tentaciones: volverse caprichosos. Otra tentación de aquellos que no tienen paciencia es la omnipotencia de querer de inmediato una cosa, como sucedió a los fariseos que piden a Jesús un signo del cielo: “querían un espectáculo, un milagro” (…) Confunden el modo de actuar de Dios con el modo de actuar de un brujo. Y Dios no actúa como un brujo, Dios tiene su modo de ir adelante. La paciencia de Dios. También Él tiene paciencia. Cada vez que nos dirigimos al sacramento de la reconciliación, ¡cantamos un himno a la paciencia de Dios! Con cuánta paciencia el Señor nos lleva sobre su espalda, ¡con cuánta paciencia! La vida cristiana debe desenvolverse sobre esta música de la paciencia, porque es precisamente la música de nuestros padres, del pueblo de Dios, de aquellos que han creído en la Palabra de Dios, que han seguido el mandamiento que el Señor había dado a nuestro padre Abraham: ‘camina delante de mí y sé irreprensible’”.

PREGUNTAS GUÍAS

¿Tengo paciencia con los tiempos de Dios?

¿Confío en su obrar incluso cuando no lo “siento”? ¡Él siempre está obrando!

ORACIÓN FINAL DE ABANDONO

-Charles de Foucauld-

Padre mío, me abandono a Ti. Haz de mí lo que quieras. Lo que hagas de mí Te lo agradezco, estoy dispuesto a todo, lo acepto todo. Con tal que Tu voluntad se haga en mí y en todas Tus criaturas, no deseo nada más, Dios mío. Pongo mi vida en Tus manos. Te la doy, Dios mío, con todo el amor de mi corazón, porque te amo, y porque para mí amarte es darme, entregarme en Tus manos sin medida, con infinita confianza, porque Tú eres mi Padre. Amén.

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Padre Marcelo

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