Día #52

21 DE FEBRERO

¡DICHOSOS LOS QUE SUFREN PORQUE SERÁN CONSOLADOS!

ORACIÓN INICIAL

Señor, porque confío en tu infinita misericordia me presento indignamente ante ti, confío en que estás presente en este lugar, conmigo y en mí. Te adoro con todo mi corazón y no deseo otra cosa que cumplir Tu voluntad. Envía tu Espíritu para que en esta oración puedan mis ojos leer Tu Palabra para encontrar Verdad y Vida, mis oídos escuchar tu voz para no perderme nunca, y en mi corazón guardar tus enseñanzas para poder obrar conforme a tus planes.

LECTURA SEGÚN SAN MARCOS 8, 34-38.9,1 

Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: “El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero, si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida? Porque si alguien se avergüenza de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, también el Hijo del hombre se avergonzará de él cuando venga en la gloria de su Padre con sus santos ángeles”. Y les decía: “les aseguro que algunos de los que están aquí presentes no morirán antes de haber visto que el Reino de Dios ha llegado con poder”.

REFLEXIÓN DEL PAPA BENEDICTO XVI

– CARTA ENCÍCLICA SPE SALVI –

«Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que sufrió con amor infinito». Jesucristo nos invita a tomar nuestra cruz de cada día y seguirle. Sólo con el Señor nuestro yugo se hace suave y nuestra carga ligera. De esta forma, el Maestro nos recuerda que el cristiano está llamado a ser signo de contradicción en el mundo, pues, su forma de pensar no es la del mundo sino la de Dios. El camino que conduce al cielo es estrecho y difícil, pero vale la pena llegar para gozar con Cristo por toda la eternidad. En nuestro peregrinar por esta vida encontramos una motivación muy alentadora en el Evangelio: «¡Estén alegres! porque su recompensa será grande en los cielos» (Mt 5,12). Está claro que tenemos dificultades y caídas, pero caminamos con la esperanza puesta en la gracia y la misericordia de Dios, ya que todo lo que es imposible para los hombres es posible para Dios. Jesucristo con su Resurrección también nos llena de esperanza ante las adversidades que envuelven nuestra vida porque el creyente camina hacia el cumplimiento de las Bienaventuranzas: «dichosos los que sufren porque ellos serán consolados» (Mt 5, 3-10).

PREGUNTAS GUÍAS

¿Soy capaz de enfrentarme al sufrimiento y de no huir ante el dolor?

¿Cómo me paro ante las adversidades?  ¿Las comparto con Jesús o me paralizan?

ORACIÓN FINAL

Gracias, Señor, por Tu compañía, por las ocasiones que me das para amarte en la lucha y en el sacrificio, en el trabajo y en las dificultades. Que sepa colmar mi vida de tu gracia para poder permanecer fiel al Evangelio en vez de vivir centrado en mí mismo, en mis intereses y gustos. Por la cruz y desde la cruz me enseñas el camino a la felicidad. Amén.

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Padre Marcelo

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